Medio: La Razón
Fecha de la publicación: miércoles 30 de marzo de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Constitución / Personería jurídica
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Casi una generación del ‘instrumento’
IMAGEN: LA RAZÓN ARCHIVO
POR IVÁN BUSTILLOS
LA PAZ / 27 de marzo de 2022 / 18:57
En estos días, el MAS-IPSP cumple 27 años de haber sido fundado; en realidad, es el ‘santo’ del Instrumento.
El punto sobre la i
El jueves 24 de marzo, de una manera más bien discreta, la Dirección Nacional del Movimiento Al Socialismo (MAS) hizo conocer mediante sus redes sociales la “Convocatoria al XXVII aniversario MAS-IPSP Bolivia”, concentración a realizarse el martes 29, a partir de horas 14.00 “en el estadio Jesús Bermúdez en el departamento de Oruro”. De los tres “considerandos” que anteceden a la convocatoria, el segundo es el más específico: “Que, a los 27 años de la fundación del MAS-IPSP somos la Organización Política más grande en la historia política del país, ideológicamente y políticamente invencible, gracias a las huellas de los Movimientos Sociales, Organizaciones Matrices como CSUTCB, CSCIOB, CNMCIOB-BS”. Entre los “participantes” (los convocados, en realidad), están 29 organizaciones sociales sindicales (14 confederaciones, 7 federaciones nacionales, dos centrales agrarias, la Central Obrera Boliviana, entre otras), además de “ministros, viceministros, senadores, diputados, gobernadores, asambleístas nacionales y departamentales, alcaldes y concejales”. En una “nota”, al final, se instruye: “La concentración para la marcha se realizará en el casco viejo del Departamento de Oruro a horas 09.00 a.m. Cada Organización deberá organizarse con las banderas del MAS-IPSP, Wiphalas, Tricolores conjuntos y danzas autóctonas”.
Ahora, según las fuentes consultadas, en rigor no es tanto el aniversario del partido MAS-IPSP, sino más bien del Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP).
Fue en marzo de 1995, en Santa Cruz, cuando tuvo lugar el Congreso Tierra, Territorio e Instrumento Político, “al que asisten la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, CSUTCB; la Federación Nacional de Mujeres Campesinas de Bolivia-Bartolina Sisa, FNMCB-BS; la Confederación Sindical de Colonizadores de Bolivia, CSCB; y la Central Indígena del Oriente de Bolivia, CIDOB. En este congreso nace el MAS-IPSP bajo el nombre de Asamblea por la Soberanía de los Pueblos, ASP”, resume la politóloga Moira Zuazo en su texto ¿Cómo nació el MAS? La ruralización de la política en Bolivia. Entrevistas a 85 parlamentarios del partido, FES, 2009.
OFICIAL.
Ahora, como coinciden los investigadores, marzo de 1995 fue el momento de “creación oficial” del Instrumento, pues un año antes, en 1994, en el VI Congreso de la CSUTCB, ya se había aprobado “la tesis de la necesidad de creación de un instrumento político de los campesinos”. Incluso hay que remontarse más atrás todavía, hacia fines de los 80. “La construcción del instrumento político es el momento de politización de lo campesinoindígena, y está relacionado, por una parte, con la Campaña 500 años de Resistencia Indígena, Negra y Popular, desarrollada en Latinoamérica entre octubre de 1989 y octubre de 1992 y, por otra, con el proceso de municipalización que se inicia en Bolivia en 1994”, apunta Zuazo.
La recién creada Asamblea por la Soberanía de los Pueblos (ASP) (el Instrumento bajo otro nombre) aún sería dirigida por el campesino quechua Alejo Veliz. Será tras las elecciones nacionales de 1997, cuando el caudal electoral mayoritario de Izquierda Unida (sigla con la cual la ASP participó en la justa electoral) fue aportado por el voto cocalero del Chapare, que Evo Morales se impuso como el líder del nuevo instrumento.
La titularidad de MASIPSP en realidad vino después de resolverse las disputas entre “alejistas” y “evistas”, como testimoniara Hugo Moldiz en entrevista con Hervé do Alto (2006), “Alejo se quedó con la sigla de la ASP, mientras Evo se iba con la amplia mayoría de las bases”; cuando “Morales obtiene de David (Áñez Pedraza), líder de un pequeño partido de izquierda, el Movimiento al Socialismo (MAS), que le regale —o venda, según las versiones— la sigla de su organización que, contrariamente al IPSP, ya estaba reconocida como partido político por la Corte Nacional Electoral”. (El MAS-IPSP boliviano, entre movimiento social y partido político, Hervé Do Alto)
“El IPSP se convertiría oficialmente en MAS-IPSP a partir de enero 1999. Sin embargo, en la propia credencial de militante del partido, se hace énfasis sobre el uso puramente jurídico de este nombre ajeno al movimiento campesino-indígena que es el MAS: ‘MAS legalmente, IPSP legítimamente’”, destaca Do Alto en su texto.
Zuazo se pregunta: ¿Por qué se forma un instrumento político y no un partido? Por dos hechos, señala la investigadora: uno, por la convicción que se había instalado entre los campesinos de que “los partidos nos dividen”; y, dos, se quería algo diferente a los partidos debido a la crisis de legitimidad en que ya estaban estos.
Ahora, cuestiona la politóloga: si bien el MAS-IPSP fue creado como un instrumento político, diferenciándose de un partido, al servir como “un instrumento para disputar el poder en elecciones” igual es “un partido pero con otro nombre”. “Lo grave —dice— es que hacia delante, con la reivindicación del nombre distinto, se tiende a reproducir los mismos errores, esto es: patrimonialismo, personalismo y falta de debate democrático interno abierto”.
ORGANIZACIONES.
Una forma de pensar al MASIPSP, en estos sus 27 años, puede ser señalar en qué medida conserva o evolucionó ese su carácter de instrumento de las organizaciones sociales, su brazo político y cómo esas organizaciones antes que ganar no han perdido en esta peculiar relación política-sociedad.
Para el abogado, exviceministro de Tierras, Alejandro Almaraz, el MAS en su origen en realidad era “el instrumento de participación electoral de las organizaciones sociales particularmente agrarias; era una entidad jurídica y política subordinada a las organizaciones sociales, campesinas principalmente”.
Lo que hoy pasa con el MAS —cuestiona Almaraz— es que este partido ha subordinado a las organizaciones sociales, la relación “se ha invertido”: “se ha convertido el MAS en un núcleo de poder emergente que ha cooptado, subordinado a aquellas organizaciones sociales de las que surgió; y que actúa, en la gestión estatal en un sentido inverso al del mandato originalmente recibido de esas organizaciones sociales; en ese sentido, más bien es reestructurador, renovador, del poder tradicional del capital”, sentencia Almaraz.
Organizaciones como las que forman el Pacto de Unidad, por ejemplo, apunta, ya no son lo que fueron hasta el 2009, por una razón principal: “la pérdida de su autonomía”; si algún hecho progresista hubo en la gestión del MAS, especialmente en su primer gobierno, fue porque las organizaciones aportaban, pero desde esa su autonomía, insiste. “El Pacto de Unidad actualmente es una extensión del MAS, con una muy dudosa y discutible representatividad respecto a sus bases sociales”.
Y es que el MAS hoy día está —afirma— “en un avanzado proceso de descomposición”. Es evidente el enfrentamiento de corrientes a su interior, principalmente entre las encabezadas por Evo Morales y David Choquehuanca, pero he aquí lo lamentable, remarca el exviceministro: “Las peleas no son por posiciones políticas o ideológicas; no se está discutiendo si (se está materializando) el modelo del vivir bien o (persiste) el acomodo pragmático al capitalismo; no se discute eso, hasta donde yo sé; se discute para quién van a ser las pegas y los contratos, y por eso las disputas tienen rasgos sórdidos, violentos, que vemos en la televisión cada que hay reunión del MAS”.
REPRESENTATIVIDAD.
Para el también abogado y exministro de Gobierno Carlos Romero, en cambio, antes que una involución del carácter de instrumento de las organizaciones sociales, el MAS ha ampliado su representatividad de la sociedad, especialmente de los sectores progresistas. “El MAS representa la organización política del campo popular; eso es en pocas palabras el MAS. Sigue hegemonizando el campo popular, la autorepresentación política de los movimientos sociales organizados en sus estructuras naturales”.
Si bien en las elecciones subnacionales es común ver una suerte de retroceso del MAS, una “división” en relación a las nacionales —reconoce Romero— eso es porque allí se dirimen temas locales o regionales. Pero cuando se trata de “definiciones nacionales”, de política nacional, el MAS sigue siendo “el núcleo que articula a lo popular”, destaca el exministro.
Como una prueba de que esta representatividad (de ser una suerte de instrumento extendido) está vigente —señala Romero— es lo que afirma Evo Morales: que en el MAS no habrá división, propiamente, en el sentido en que en su seno surjan corrientes mismas que ameriten hablar de una división; lo que sí hay, y es previsible, son los “traidores” o las personas que se apartan del partido por sus propios intereses políticos, pero que con eso no desestructuran al partido.
La base social, que es el “pueblo mismo organizado” no se divide, apunta el exministro Romero; y, siendo la organización política del pueblo, las pugnas dirigenciales, que incluso pueden llegar a escisiones, “no arrastran a la base social”, resalta.
“Liderazgo, más estructura del pueblo políticamente organizada y además en términos unitarios, son dos factores que por sí mismos configuran una ecuación muy poderosa, en términos de perspectiva”.
¿Qué es lo que le falta al MAS? “Desarrollar un nuevo horizonte, configurar una nueva agenda de Estado, el programa estratégico para el nuevo tiempo; si es capaz de hacer esto el MAS, seguramente seguirá siendo el núcleo de la política boliviana por varios años más”, apunta Romero.
Por esta razón, afirma, las recientes protestas, como la de la regional de Santa Cruz, son “normales, siempre habrá gente descontenta; siendo un partido gigantesco, siempre va haber descontentos”, refiere.
Ante la posibilidad de que con su presencia en la gestión estatal, los movimientos sociales hayan perdido su autonomía, Romero más bien dice que es al revés: las organizaciones “han ido copando el Estado, cuando antes estaban excluidas”.
Los movimientos sociales en Bolivia tienen la particularidad de ser fuertes, a momentos han llegado a tener más fortaleza que el Estado. Esta es la explicación, por ejemplo —subraya Romero— que en el país no se hayan podido desarrollar movimientos insurgentes armados como en Colombia o Perú. Y “esa es la gran visión de Evo Morales”, aclara, “conducir a los movimientos sociales, a partir de trópico de Cochabamba, a la vía electoral; lo ha hecho en agosto mismo de 2020; cuando la movilización tenía características insurreccionales, otra vez Morales recondujo a una vía democrática, para que a través del voto se canalice la representación, en términos hegemónicos para el campo popular”.
Romero admite que algunos movimientos sociales hoy se articulan con el fondo de la pelea por “las pegas”. Ahí cabe —dice— encarar lo del nuevo horizonte político, como desafío del MAS, “y que los movimientos sociales deban recuperar su condición estructural, y no convertirse en movimientos políticos clientelares”.
No es un partido, sino un proyecto
Del notable trabajo de la politóloga Moira Zuazo, ¿Cómo nació el MAS? La ruralización de la política en Bolivia. Entrevistas a 85 parlamentarios del partido (2009) destacamos un fragmento de una de éstas con el entonces diputado Feliciano Vegamonte, hoy presidente de la Comisión de Ética del MAS.
¿Cuál es la estructura institucional del partido?
Primero, el MAS no es un partido, sino es un proyecto político, y está estructurado [en principio] por los sindicatos, en este caso pueden ser los sindicatos agrarios o pueden ser los sindicatos campesinos, y también están tomando en cuenta a los ayllus y otras organizaciones sociales. Eso es lo primero, la concentración de diferentes organizaciones, y ellas hacen una directiva que está constituida por una Dirección Nacional y, luego, las direcciones departamentales y hasta divisiones seccionales y cantorales. Esa es la estructura de este proyecto que, por cierto, está liderado por el presidente Evo Morales.
¿Cómo ha sido usted elegido como candidato a diputado titular?
Las organizaciones primeramente hacen la selección de personas, es una selección manejada orgánicamente, ya es una decisión de las organizaciones, quienes toman, quienes deciden, que yo o cualquier diputado [esté] en este cargo, entonces, una decisión orgánica [es aquella en que] no es la trayectoria ni mucho menos es una ambición, sino una decisión de las bases.
¿Cómo se definen las políticas de alianza en el partido?
Esa también es una decisión de las masas o de los militantes y simpatizantes, quienes constituyen el proyecto político; ellos toman las decisiones y ellos son los que dicen con tal agrupación o con tal partido hay que aliarse. Y los mejores aliados políticos del proyecto del Movimiento Al Socialismo son las mismas organizaciones; entonces, como se dice, es un movimiento incluyente, un movimiento que incluye a todos.
(*)Iván Bustillos es periodista de La Razón.



