Medio: El Potosí
Fecha de la publicación: miércoles 30 de marzo de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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La división del MAS vuelve a mostrarse como en aquellos días en los que se reunía en lugares alejados de los centros urbanos, con pocos militantes, con el fin de planificar su retorno al poder.
Claro que los que se reúnen ahora no son pocos, sino todo lo contrario. Es que volvieron al poder y eso significa aprovecharse del Estado, llenarse los bolsillos de dinero, y, como eso le gusta a medio mundo, la militancia es, otra vez, multitudinaria.
Y la división se ha hecho evidente no por acción de los adversarios del MAS, sino por lo que está ocurriendo dentro de ese partido, particularmente a nivel de sus dueños, los cocaleros del Chapare.
Es tan grande el poder que tiene los cocacultores que no toleran que uno de los ministros de su partido diga que hay diputados que se enriquecen con la coca. Ni siquiera les importa la aclaración, la disculpa y la posterior explicación privada que les dio el ministro de marras y que consideraron insuficiente, porque ahora lo que han decidido es interpelarlo.
¿Qué fue exactamente lo que dijo el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, que molestó a los cocaleros y a su propio presidente y jefe del MAS, Evo Morales? Recordemos la frase para saber si la desmedida reacción de los cocaleros se justifica.
“Hay gente, dirigentes, diputados, que se están llenando los bolsillos… Hay gente que tiene tres, cuatro, cinco, hasta ocho hectáreas y son los primeros en conseguir permiso para sacar la hoja de coca, y sabemos quiénes son esos dirigentes, esos diputados. A esa gente hay que empezar a controlarla, para que la gente que está en su guacho y que con el sudor de su frente con esa plata haga estudiar a sus hijos, cure la salud de su familia y puedan llevar el pan de cada día a su hogar”.
Esa fue la frase que dijo el ministro en un acto público en La Asunta. De inmediato, la primera reacción surgió en Chapare, donde el propio Evo Morales y las seis federaciones de cocaleros de esa región hicieron un pronunciamiento en el que compararon a Del Castillo con los exministros Arturo Murillo y Carlos Sánchez Berzaín, y le exigieron que en un plazo de 24 horas entregue pruebas de sus “temerarias acusaciones”.
En el mismo documento, consideraron al ministro Del Castillo como un personaje de la derecha sometido a la DEA y que actúa con un plan para dividir al MAS.
Antes de que pasen 24 horas, el ministro de Gobierno salió a aclarar por sus redes sociales que con sus expresiones de La Asunta se refería a un diputado de la región de Yungas y que “en ningún momento se habló del Trópico, donde no existe la producción por hectárea”. También negó su vinculación con la DEA porque, dijo, hace más de una década que no existe ningún tipo de coordinación con el organismo antidroga de Estados Unidos.
Pero ni siquiera el cierre de su mensaje con un efusivo “¡Kawsachun coca!” fue suficiente ni con eso logró convencer a los cocaleros de Chapare.
Después, Del Castillo se reunió dos horas en un encuentro reservado con legisladores del MAS, donde les dio una amplia explicación de sus expresiones. Al finalizar la reunión, el jefe de bancada del MAS, Gualberto Arispe, dijo que tras evaluar los informes del ministro, senadores y diputados de su partido decidieron interpelarlo, porque la explicación no fue satisfactoria.
¿Qué es lo que les molesta tanto? ¿Cuáles son las “temerarias acusaciones”? Si revisamos las declaraciones del ministro, veremos que no se aludió a la gente del Chapare, ni siquiera indirectamente.
Al parecer, los cocaleros del Chapare se han sentido aludidos y actúan en consecuencia. Les ha tocado el guante, y ellos se aprestan a quitarlo del medio.



