Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: viernes 25 de marzo de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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En las últimas semanas hemos sido testigos de una cruenta cuanto descarnada batalla interna en filas del masismo, que ha confrontado, en una lucha sin cuartel por el poder, a las dos corrientes mayoritarias y dominantes del partido de gobierno.
En un polo, están los que se han autodenominado “renovadores” y que se agrupan alrededor de los liderazgos que han surgido después de la crisis de noviembre de 2019, que dio como resultado la renuncia y posterior fuga de Evo Morales y sus seguidores más leales. Se trata de políticos y funcionarios que rodean al actual presidente Luis Arce y al vicepresidente David Choquehuanca; antes estos masistas emergentes estaban en segunda línea, pero asumieron un rol protagónico en la campaña y ahora en el gobierno de Arce, por lo cual no están dispuestos a ceder sus espacios conquistados ante la llamada “vieja guardia” masista.
En el otro extremo, se sitúan Evo Morales y su grupo de leales, entre los cuales figuran García Linera y sus exministros Quintana y Romero, entre otros, además de los que el jefe histórico del masismo ha logrado colocar en las embajadas y consulados del país en el exterior. Para diferenciarlos de los anteriores, son conocidos como la “rosca”, es decir, un grupo cerrado deseoso de volver al poder.
No obstante, los deseos de la “rosca” de Morales se han estrellado contra la persistencia de los “renovadores” en no perder sus cargos. Es esta pugna, unas veces sorda, otras veces estridente, con resonancia en los medios, la que hemos visto desarrollarse en los últimos meses.
Parapetado en el trópico cochabambino, la base de su influencia, Morales no ha dejado de reclamar respeto a su trayectoria histórica como fundador del MAS, pero también trata de posicionarse como un tempranero y ávido candidato para el 2025. Bajo esas premisas, ha comenzado a incomodar al gobierno de Luis Arce, esto es, al grupo de “renovadores”, que no lo ve ya como una alternativa, sino como un político que ha cumplido su ciclo y que debe jubilarse; consideran, en la corriente renovadora, que Arce podría ser la pieza clave que les permita reproducirse en el poder.
La interna masista se ha reflejado hasta ahora en la expulsión del diputado renovador Rolando Cuéllar, en la defenestración de la intercultural Angélica Ponce, en la interpelación del ministro Eduardo del Castillo y en los insistentes llamados a la unidad desde el mismo Gobierno, entre otros roces y divergencias.
Lo cierto es que al parecer las horas de la “rosca” de Evo están contadas. Su afán por volver al poder ha sumido al país en la inestabilidad política y en la peor crisis judicial que se haya visto, porque el aparato de la justicia trabaja para sustentar un inexistente “golpe de Estado” que ayudaría a Morales a volver al poder. Lo ha dicho la alcaldesa alteña Eva Copa en las últimas horas: la insistencia de la “rosca” de Evo está matando al MAS. Los “rosqueros” de Evo tienen que asumir que su proyecto caducó y que no tienen ya nada que ofrecer al país.



