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Medio: La Razón
Fecha de la publicación: jueves 24 de marzo de 2022
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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Tal parece que este 2022 y el 2023 serán los años de la agenda de la crisis social que llevamos arrastrando en salud, educación y especialmente justicia. Al margen de que cuando hablemos de política todo se refiera exclusivamente a lo que ocurre en el MAS, porque así nomás es, todas las fuerzas políticas restantes no existen ni dan señales de que siquiera estén sufriendo alguna transformación.
Vuelvo entonces a la crisis social, para el caso de la Justicia, está claro que hay dos palabras que ya fueron superadas por la demanda boliviana, éstas son: cumbre y reforma.
La primera, la llamada Cumbre de Justicia, ya está demasiado quemada, porque eso la gente lo traduce como más de lo mismo sin que le resuelva sus problemas concretos; ahondando esa sensación y realidad que el relator García-Sayán dejó como primera observación preliminar: una justicia alejada de la gente.
La segunda, la reforma de la Justicia, tampoco alcanza para sentir que esa acción vaya a resolver algo porque lo que hoy vivimos con la Justicia es tan urgente que por todo lado grita a necesidad de transformación. Es decir, en lugar de realizar una medida progresiva es necesario medidas de shock en los diferentes eslabones que componen el sistema judicial.
No hay que olvidar que en el necesario diagnóstico que llevamos haciendo del sistema judicial, un insumo importante que dejó el relator García-Sayán fue que, de las nueve observaciones, ocho tienen que ver con cosas que al ciudadano de a pie le preocupan que se resuelvan. Por el contrario, solamente una de esas nueve observaciones tiene que ver con la discusión que la clase política tiene respecto a una posible reforma constitucional o las leyes que se pueden ir promulgando.
Por lo tanto, el camino para encarar la transformación de la Justicia —insisto en todos sus eslabones que lo componen— tiene que ser generando una suerte de presión desde fuera del sistema de partidos; por eso en la medida en que la discusión sobre esta temática esté menos contaminada por la discusión partidaria, de si es el oficialismo o la oposición quienes quieren o no hacer algo al respecto, mejor.
Y más bien vayamos hacia un involucramiento progresivo de todos los actores sociales que tienen que ver con el tema. En ese caso, la politización del tema podrá tener el curso que se necesita, que es ir por la vía de la generación de un sentido de corresponsabilidad compartida, muy necesaria para generar lazos de cohesión social que mucha falta nos hace.
Marcelo Arequipa Azurduy es politólogo y docente universitario.



