Medio: El País
Fecha de la publicación: martes 15 de marzo de 2022
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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El fin de semana trascendía la renuncia de Rafael Bautista Segales, filósofo y escritor, conocido por ser uno de los hombres de confianza del vicepresidente David Choquehuanca y, de hecho, uno de los que se sumó al fuego cruzado en forma literaria que en enero precedió al Día del Estado Plurinacional y donde choquehuanquistas y evistas se enfrentaron abierta y explícitamente, como nunca.
No está claro que se vaya por aquel cruce que alguien le podría estar guardando con rencor, pero todo puede ser.
Bautista, en los hechos, era el director general de “Geopolítica del Vivir Bien y Política Exterior” de la Vicepresidencia, una de esas carteras que se entregan a los asesores para que piensen cómo hacer las cosas diferentes, y que según él mismo ha confesado, han acabado devorándole. Su carta de renuncia es absolutamente reveladora:
“Cierta burocracia, muy consciente de su poder, replica muy bien las lógicas de dominación, de modo constante, que buscan, desde lo operativo, minar toda apuesta genuina de transformación. En esa religiosidad (o excesivo legalismo) se ampara el poder burocrático que cerca, por medio de la intimidación, toda gestión pública. No es sino el miedo lo que prohíja semejante legalismo, que es la otra cara de la religión sacrificial que promueve el mundo moderno y el capitalismo”, dice en su carta a la que tuvo acceso Erbol.
Bautista habla de un problema que ya en su momento lo señaló Andrés Soliz Rada y que también han mencionado algunos alcaldes y gobernadores de soslayo, porque es difícil de enfrentar a la rosca de dentro, pero también difícil de plantear que una Ley Anticorrupción como la Marcelo Quiroga Santa Cruz lo que ha conseguido finalmente es paralizar cualquier intento de renovación del Estado. Hasta ahí nomás llegó la revolución y ahí quedó el “le meto nomás, que mis abogados arreglen” de aquel primer Evo Morales.
Y es que una cosa es prevenir la corrupción y otra diferente crear un estado policiaco en el que nadie mueve un dedo si no existen protocolos a tal efecto o ha pasado por todos y cada uno de los resquicios de una enorme cadena de mando.
Los miedos tienen también efectos perniciosos sobre el país y las necesidades de la gente, sobre todo cuando el dinero se queda “en la caja”, que uno puede imaginar que es la caja fuerte del alcalde de turno, pero en realidad es un saldo en el TGN invertido en quién sabe qué banco triple A donde da los beneficios mayores.
Probablemente son los miedos – o los que manejan esos miedos en el estado profundo y burocrático y colonial que denuncia Bautista - también los que impiden cambiar ciertas cosas clave en el manejo de YPFB – 15% de ejecución en 2021, imagínate – o en el Decreto Supremo 181 que sigue facilitando que las licitaciones nacionales se vayan a empresas transnacionales que luego reparte migajas en subcontrataciones.
La Ley Quiroga Santa Cruz ha venido a desvelar dos cuadros: el de la incapacidad y el de la hipocresía; el primero suele escudarse en la aplicación del articulado para no hacer nada; el segundo pasa por la presunción permanente de la culpabilidad, sin que al final sirva exactamente para nada.
Es necesario que alguien encuentre una solución política y práctica para todo esto, pues sumamos ya demasiados años de demoras sin que además se haya frenado la corrupción. Bolivia merece más trabajo y menos excusas.



