Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 14 de marzo de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Otros
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Cuando el MAS llegó al poder en 2005, vio la luz una especie de relato sagrado acerca de su misión y destino en Bolivia y el mundo. Comenzando por la entronización de Evo Morales y su consagración como “líder espiritual de los indígenas del mundo”, los prohombres del masismo aseguraron que se estaba inaugurando un reinado de 500 años. Por ello, se intentó después que Morales -por la vía de la manipulación de la Constitución y las leyes (“métanle nomás”)- sea presidente vitalicio, en base a su “derecho humano” a la reelección indefinida. La terca realidad, como siempre, mostró que varios elementos del “credo” masista eran solo discurso. El proceso de cambio, fue solo de cambio de nombres de instituciones y leyes. La descolonización no llegó y hoy tenemos a chinos y rusos adueñándose de nuestros recursos naturales, en tanto principales voceros del MAS (Lohnhoff, Becquer o Ledebur) son extranjeros. De despatriarcalización no hay un ápice, sino todo lo contrario: se festeja, emula y protege al principal machista. Lo democracia se aleja cada vez más de Bolivia, pisoteada por el MAS que, a contramano de lo pregonado, no gobierna obedeciendo al pueblo; no se olvide, al respecto, que el 5 de marzo de 2018 el ex presidente fugado, en una reunión del ALBA, dijo: “Algunos compañeros me decían que hay que consultar al pueblo, a los movimientos sociales. Aquí, no hay nada que consultar, es la línea que nos dan Fidel (Castro) y Hugo (Chávez)”. El respeto a la Madre Tierra no existe; al contrario, se la depreda cada que se puede, como ocurrió con los decretos incendiarios y la pusilanimidad con que se enfrentaron los incendios en la Chiquitania en 2019. La reserva moral de la humanidad quedó por los suelos con la reciente confesión de Morales de que quienes son elegidos diputados o senadores, tienen que recuperar su inversión y, consiguientemente, robar al Estado y al pueblo. Sin embargo, para el masismo ver la realidad y criticarla, es herejía. El MAS considera que cualquier crítica constituye un error, desviación o enseñanza de doctrinas que van contra un programa de fe, ya estructurado, o bien sometido a examen y finalmente aprobado con una definición de base inmutable. Todo hereje merece sanción, porque es un resentido y milita en las filas del imperialismo y la derecha.



