Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 13 de marzo de 2022
Categoría: Representación Política
Subcategoría: Democracia paritaria
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El 8 de marzo, establecido para conmemorar las luchas feministas por la igualdad, se ha instalado como una fecha importante, que contribuye a visibilizar la situación de las mujeres, sus luchas, así como la persistencia de desafíos y prejuicios que, sin embargo, no logran desvirtuar el sentido verdadero de ese día. También nos brinda la oportunidad para la reflexión sobre el surgimiento de nuevas y novedosas ideas pero - qué duda cabe- de enormes amenazas contra nuestros avances y los de la sociedad.
Hemos visto imágenes caleidoscópicas donde se entremezclan las poderosas manos de las mujeres ucranianas, fusil en mano, prestas a resistir la invasión rusa; chilenas sonrientes que se aprestan a celebrar la victoria de un gobierno que se afirma feminista; mexicanas protagonizando multitudinarias marchas ante los ojos de un misógino presidente; brasileñas marchando contra Bolsonaro y por la vida; españolas divididas pero activas; colombianas celebrando la despenalización del aborto; nicaragüenses reclamando por las presas y mucho más. Ese paisaje de claroscuros tiene en Bolivia un escenario triste no solo porque nos matan todos los días y solo podemos exhibir cifras negativas en materia de igualdad, si no porque estamos ante una crisis de liderazgo ocupado por un “populismo feminista” que ofrece el circo que los gobernantes agradecen. Nada más gratificante que ver a “la feminista” más mediática flagelando a los cabizbajos opa ministros.
El estado de fragmentación y debilidad que aqueja al feminismo en Bolivia merece más que un lamento. Es necesario analizar las causas de una derrota, si cabe el término, de un movimiento que no llegó a ser parte ni del sentido común ni de la hegemonía política. Las feministas que llegaron al poder con el MAS abdicaron de la autonomía y desconocieron a sus antecesoras gracias a cuyas luchas llegaron al poder. Cómo olvidar en ese contexto, a la valiente Lucila Mejía que fue atacada por el propio Genaro Flores por fundar la Federación de las Bartolinas. Hoy, muchas mujeres forman parte de la élite gobernante y son responsables directas de la crisis de la democracia, de la justicia y del incremento de la violencia. Unas porque fueron y son actoras directas y otras porque aplauden desde la tribuna, poniendo fin a los pocos pero importantes logros del pasado. Las Bartolinas de hoy aprendieron lo que es el poder y el valor de la subordinación enterrando una de las prácticas imprescindibles para el logro de la igualdad como es la autonomía. Mientras tanto sus hermanas indígenas de tierras bajas siguen sufriendo las ocupaciones, incendios y destrucción ambiental al lado de sus familias.
La recién conformada ‘Alianza de Organizaciones de Mujeres por la Revolución Democrática, Cultural y la Unidad’ de la mano y con recursos de la ministra Marianela Prada y de Nadia Cruz la defensora del pueblo, impulsaron una marcha patética y aburrida para reiterar la mentira del “ golpe de estado”. Bartolinas interculturales, cantando estribillos que no lograron ocultar la mirada cansada y aburrida, probablemente obligada de las marchistas. Y luego lo de siempre, grupos de activistas temerosas de la deslealtad o la impureza aplicando el “feministómetro” antes que la unidad dejando la ofensiva conservadora y fundamentalista con las manos libres para acabar con nuestros derechos.
Finalmente las hechos esperanzadores: grupos en todo el país que como señala la escritora Quya Reyna, refiriéndose a El Alto, aún no cuentan con un movimiento de activistas feministas masivo en contra de la violencia de género. Esos grupos locales son muy valiosos como lo es el de El Alto; un movimiento contra el machismo aymara no es poca cosa. No es poca cosa pero es insuficiente porque si las valerosas alteñas ceden a las políticas de identidad no podrán tejer lazos con otras mujeres que desde otras culturas y ámbitos sociales y territoriales interpelan el machismo. Reproducir el faccionalismo político deja impune al populismo castigador y arbitrario y nos aleja de la igualdad real.
Sonia Montaño Virreira es socióloga feminista.



