Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: jueves 03 de marzo de 2022
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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A contracorriente de la mayor parte de los países del mundo, Bolivia tuvo una posición en apariencia dubitativa y hasta neutral desde que se inició la invasión rusa a Ucrania y eso, en estas circunstancias, conlleva un implícito respaldo al agresor. Mientras 141 países del mundo votaron en la Asamblea General de la ONU para exigir el cese de la invasión rusa a Ucrania con la consiguiente retirada de sus tropas, Bolivia se abstuvo de votar en un grupo de países en los que también están Cuba, Nicaragua, Irak y China, entre otros.
El texto aprobado “deplora en los términos más fuertes la agresión de la Federación de Rusia contra Ucrania” en violación del artículo 2 de la Carta de Naciones Unidas, que prohíbe recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza e insta a todos los miembros a que respeten la soberanía, la integridad territorial y la independencia política de cualquier Estado.
La posición de Bolivia no sería una sorpresa si apenas un día antes, el embajador de Bolivia ante Naciones Unidas, Diego Pary, no hubiera condenado todas las invasiones, entre ellas, la de Rusia contra Ucrania.
“Mi país rechazó con firmeza y rechaza todas las invasiones y acciones unilaterales realizadas por varias potencias a lo largo de la historia reciente, vulnerando el derecho internacional y la misma Carta de las Naciones Unidas. Ejemplo de ello es Afganistán, Irak, Libia, Siria, Palestina y hoy Ucrania”, manifestó Pary generando una confusión y dando a entender que, finalmente, Bolivia había decidido dar un giro a su política exterior.
Pero, más que los discursos los que cuentan en los foros internacionales son los votos y el de Bolivia fue por la abstención y, por tanto, de respaldo a Rusia.
Una vez producida la invasión rusa a Ucrania, ocurrida la madrugada del 24 de febrero, Bolivia fue uno de los países que más tardó en pronunciarse en un comunicado de la Cancillería y lo hizo sin condenar el ataque.
“Bolivia hace un llamado a la paz y exhorta a las partes a la búsqueda de soluciones político diplomáticas en el marco del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas”, decía el comunicado. Una pieza digna de estudio porque la operación rusa fue unilateral y, al menos en el inicio del conflicto, no había dos partes, sino una que agredía a la otra.
En medio de esta aparente confusión sobre la posición boliviana que no es otra cosa que un apoyo incondicional a Rusia, el que se ha mantenido en silencio es el presidente Luis Arce, dejando que la política exterior de su gobierno se improvise con una gran cantidad de voceros que no se ponen de acuerdo entre sí.
El que tomó la delantera fue el jefe del MAS, Evo Morales, quien pretende dar línea indicando que en realidad Rusia no está atacando, sino que se está defendiendo de la OTAN y de Estados Unidos. Al margen de las ironías que se puedan generar en torno a esa posición, lo cierto es que una parte del oficialismo expresa comentarios similares a los de Morales.
Lo más grave del asunto es que la supuesta neutralidad de Bolivia va en contra de la Constitución Política del Estado y en contra de la carta de las Naciones Unidas, de la que Bolivia es país signatario.
La carta magna impulsada por el MAS y puesta en vigencia en 2009, indica que “Bolivia es un Estado pacifista, que promueve la cultura de la paz y el derecho a la paz”. Señala, además, que “Bolivia rechaza toda guerra de agresión como instrumento de solución a los diferendos y conflictos entre estados”. Si la Constitución dispone que Bolivia “rechaza toda guerra de agresión”, entonces ¿por qué Pary, a nombre de todos los bolivianos, se abstiene de votar por una resolución que justamente rechaza la guerra?
La excesiva ideologización de las relaciones exteriores no ha traído nada bueno para Bolivia, salvo respaldos políticos para los jefes del MAS. Ya es hora de que el presidente Arce fije una posición coherente con la Constitución y condene el ataque de Rusia a Ucrania, sin cortapisas ni ambages.



