Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 20 de febrero de 2022
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Miguel Antonio Roca
El primer año de gobierno del presidente Arce Catacora ha estado marcado por un evidente deterioro de la economía y un fuerte desgaste del Modelo Económico Social Comunitario Productivo, que ha sido central a la retórica del “proceso de cambio”. Este desgaste natural está dando paso a una transición de lo “nacional-popular” -ese concepto teorizado por René Zabaleta Mercado en los años 80, para entender la sociedad boliviana de la segunda mitad del siglo XX- hacia lo que podríamos llamar lo “popular-liberal”.
Por muchos esfuerzos que haya hecho el MAS para instaurar al Estado Plurinacional en el imaginario colectivo, como evolución de lo nacional-popular, la fuerza social del pueblo boliviano parece haber cambiado el rumbo de la conciencia nacional hacia un paradigma basado en la libertad individual y económica. De ahí el nuevo término “popular-liberal”, el cual podría describir la reciente toma de conciencia, por parte de amplios sectores populares, de que su modo de vida y su búsqueda de bienestar están amenazados por el modelo económico que quiere profundizar el MAS.
Si comparamos el gobierno de Arce Catacora con un partido de fútbol, podemos concluir que al equipo oficialista le han propinado cuatro goles en los primeros 20 minutos del encuentro, que es la quinta parte del tiempo reglamentario. Esos cuatro tantos en contra han sido marcados en los últimos cuatro meses por el equipo popular-liberal; es decir, por sectores populares diversos, cuya composición y naturaleza son muy heterogéneos, pero su objetivo primordial es el mismo: defender sus libertades individuales y económicas, que es lo mismo que defender su propiedad.
El primer gol lo protagonizó el 4 de octubre de 2021 Adepcoca. Luego de un fallido intento del MAS de imponerle una dirigencia oficialista al gremio de más de 40.000 productores yungueños, éstos se movilizaron en forma masiva a La Paz para frenar en seco la maniobra del gobierno y retomar la sede de su mercado mayorista, el único autorizado por ley.
El segundo gol llegó 10 días después, el 14 de octubre, cuando el gobierno se vio obligado a retirar del Órgano Legislativo el tratamiento del proyecto de ley contra la legitimación de ganancias ilícitas, luego de una masiva movilización popular y un paro contundente de 9 días. Dicha movilización estuvo claramente liderada por trabajadores gremiales, artesanos, comerciantes minoristas, vivanderos y trabajadores por cuenta propia, junto al transporte pesado y otras organizaciones similares. A estos sectores movilizados se unieron los comités cívicos del país y la clase media urbana. Todos los movilizados lo hicimos en contra de un conjunto de “leyes malditas” que, en la percepción generalizada, amenazaban las garantías constitucionales de las personas, pero sobre todo sus libertades individuales y económicas.
El tercer gol del equipo popular-liberal llegó exactamente un mes después, el 14 de noviembre, cuando el presidente Arce se vio obligado a anunciar la abrogación de la Ley 1386, pues los sectores movilizados desde semanas antes consideraban que dicha norma era “la madre del cordero”. En consecuencia, la protesta social se rearticuló exigiendo la abrogación de todas las llamadas “leyes malditas”, entre las que se incluía la Ley 1407 del Plan de Desarrollo Económico y Social, la Ley 1390 de Fortalecimiento para la Lucha Contra la Corrupción, la Ley 1398 del Registro de Comercio (Fundaempresa), el Proyecto de Ley 270 del Registro Público de Derechos Reales, así como la Ley 1387 de la Carrera de Generales y Ascensos de la Policía Boliviana y la que a la postre sería la Ley 1416 de Ascensos de las Fuerzas Armadas. Todas estas leyes fueron percibidas por los sectores populares movilizados como un intento sistemático del gobierno de avanzar en la construcción de una economía estatizada, bajo un modelo socialista/comunista que ponía en serio peligro su actividad económica y su propiedad privada.
Finalmente, el cuarto gol que el equipo popular-liberal le encajó al Gobierno ocurrió el pasado 19 de enero cuando, acosado por los grupos más radicales del MAS, tuvo que poner “en suspenso” los decretos que obligaban a la población a portar el carnet de vacunación, como requisito para asistir a espacios públicos o realizar cualquier trámite. La chambonada del Gobierno al exigir dicho carnet, cuando menos de la mitad de la población estaba vacunada, despertó no sólo la protesta de los sectores anti-vacuna de la población, sino también la de quienes no habían sido vacunados pero acudieron presurosos a los centros de vacunación. Lo llamativo fue que el eje de esa protesta ciudadana -en la que coincidieron los sectores indigenistas más radicales del MAS con grupos libertarios clasemedieros y otros sectores populares urbanos- fue la libertad individual, el derecho de cada persona a decidir sobre su cuerpo y, sobre todo, la defensa a ultranza de su libertad de producir y comerciar sin restricciones gubernamentales.
Es inexplicable que, con cuatro quintas partes del partido aún por jugar y ante la goleada en contra que ya tiene acumulada, el DT Arce mantenga la misma alineación e insista en su fallida estrategia; es decir, en la profundización de su modelo con el Plan de Desarrollo Económico y Social 2021-2025. Quizás lo hace porque lo contrario equivaldría a reconocer que durante los últimos 15 años ha embaucado al país y al mundo, atribuyéndole falsamente a su modelo el chiripazo de la bonanza que resultó del superciclo de precios de nuestras exportaciones entre 2007 y 2014, así como del colosal endeudamiento público en los años posteriores, lo cual le permitió mantener la sensación térmica de la economía.
Quizás porque sabe que lo mismo ha hecho el castrismo en Cuba y el chavismo en Venezuela y, pese a haber empobrecido a su gente, siguen detentando un poder cada vez más tiránico. Quizás lo hace porque no tiene el margen de maniobra política para hacer algo diferente a lo que le dicta el Patrón del Chapare. O quizás lo hace porque no se le ocurre nada diferente.
Sea como fuere, lo que el MAS y el presidente Arce parecen ignorar es que los sectores populares de nuestra patria tienen muy claro que la economía es y debe ser del pueblo, no del régimen; que todos los bolivianos tienen derecho a la propiedad, al trabajo y a prosperar sin temor al régimen y que el motor de la economía es el pueblo y del pueblo, no del régimen. Esta claridad en la conciencia del pueblo hace que estemos a las puertas de un ciclo Popular-Liberal en la historia de Bolivia.
Miguel Antonio Roca Diputado




