Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: viernes 25 de febrero de 2022
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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Hace mes y medio era eso lo que me preguntaba, en esta misma columna. El planeta está en crisis, no sólo porque está superpoblado y por la difícil respuesta a las diferentes fases de la pandemia del Covid, sino porque ni nuestros gobernantes ni nuestros dirigentes sociales parecen tener conciencia de la etapa que vivimos.
En medio de esa crisis mundial, y en momentos en que cada mes disminuyen los puestos de trabajo y aumenta un comercio callejero muy poco rentable, las noticias diarias parecen confirmar que ni nuestros gobernantes ni nuestros dirigentes sociales tienen conciencia de la situación. Tenemos un presidente economista, pero como analiza Gonzalo Flores (de la Plataforma Ciudadana de la red UNO), parece que dicho presidente ha olvidado su profesión, y que con el mero optimismo la situación irá mejorando. Efectivamente, cuando se escucha sus discursos (peor todavía los que pronuncia fuera el país), da la impresión de que se limita a analizar datos globales y se olvida de la realidad que vive el país (y la mayor parte del mundo).
Mientras tanto leemos que la FAO percibe desinterés de Bolivia por la agricultura sostenible (que es la única que nos podría salvar). Nos encontramos con que los pacientes con cáncer están en crisis por insuficiencia de nuestro servicio plurinacional de salud. Nos informan que los pobladores de Orinoca han secuestrado al fiscal. La Conferencia Episcopal pide que se haga una reforma judicial (a partir de la incomprensible liberación de los feminicidas que se encontraban detenidos), y efectivamente nos encontramos con que los violadores no sólo viven impunes sino que aparentemente lo hacen con apoyo policial.
Por su parte la COB anuncia la toma de tribunales porque las empresas no acatan las sentencias constitucionales sobre la reincorporación de trabajadores. Y llegan noticias de la venta de cocaína adulterada que causa muerte (como de todas maneras se trata de un producto cuyo comercio está prohibido, no puede existir control alguno a la hora de su venta).
Así está el país, así se encuentran gran parte de los movimientos sociales (que se sienten impotentes). Y mientras tanto el Gobierno nos informa que la “Casa Grande” del Pueblo requiere, para su mantenimiento, un mínimo de 1,5 millones de bolivianos (aunque todavía no nos han informado que se haya decidido hacer ese gasto, por muy grande y muy “del pueblo” que sea esa casa).
Si tuviéramos un Presidente poeta, o mero dirigente social, podríamos entender este desfase entre su gestión y la situación real del país. Pero es un economista profesional y con ya larga experiencia, sólo que su principal preocupación no es la situación económica del país, es decir de su población y sus instituciones, sino la de asegurar que en las próximas elecciones sea nuevamente candidato Evo Morales, y no se entera de que todavía faltan varios años para esas elecciones, y menos todavía de que el Evo de hoy no tiene nada en común con aquel Evo de hace 15 años.
Me imagino que la mayor parte de nuestra sociedad, es decir de sus organizaciones y sus dirigentes, es consciente de que lo que ahora necesitamos es superar la crisis económica (o por lo menos hacer lo necesario para aguantarla), y olvidarnos de pasados o futuros presidentes. No tenemos energías ni recursos suficientes para ese tipo de preocupaciones, y menos desde la Presidencia del Estado.
¿O será que alguien prefiere olvidar la cruda realidad? Ustedes dirán, lectores y lectoras.
Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba



