Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: martes 22 de febrero de 2022
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Los hechos muestran que en el año 2006 se elige democráticamente a un presidente. En 2009, su partido cambia la constitución para elegir al presidente por dos mandatos sucesivos. El 21 de febrero del 2016 el país vota por el “No” en un referéndum sobre un tercer mandato presidencial. El entonces presidente, promete públicamente respetar esos resultados, pero después decide que le gusta mandar, y luego de trece años ininterrumpidos en el gobierno, se presenta a las nuevas elecciones. En 2019, en un claro fraude electoral sale reelegido. La mayoría de los bolivianos, conscientes de que el presidente quiere quedarse indefinidamente con el poder, sale a protestar a las calles en forma pacífica. El pueblo manifiesta su descontento y en noviembre de 2019, el presidente y toda la cúpula de su gobierno renuncian, huyendo la mayor parte de ellos del país. El Congreso continúa en funcionamiento con la mayoría del partido del mandatario saliente y con la misma justicia dependiente. El presidente renunciante desde el exterior, controla, solventa y protege a grupos de su partido, por lo que se empiezan a organizar actos vandálicos, mientras se grita “guerra civil”.
Hasta aquí los hechos, tal como quedan en la memoria colectiva.
Si la continuación de esta historia hubiera sido diferente, en una narrativa alternativa, hoy se leería...
Bolivia está descabezada, no hay una persona valiente que por la vía institucional se haga cargo de un país a la deriva.
Los medios de todo el mundo miran hacia el corazón de Sudamérica, un país conocido por su larga historia de revueltas, revoluciones y golpes de Estado. La Policía no logra contener los desmanes. El Ejército se divide, se oyen disparos, los soldados corren por las calles, las tanquetas atraviesan la ciudad, los aviones se preparan para ametrallar zonas estratégicas... empieza el caos. Los civiles también salen para pelear por la libertad y la democracia que les prometieron, y que costó mucho conseguir y mantener.
Mueren miles de bolivianos, las morgues y los hospitales se llenan. Los resentimientos de un país dividido y ensangrentado exacerban la violencia por mucho tiempo. El expresidente vuelve entre los vítores de los vencedores y se pone una banda presidencial, en la que el color rojo deslumbra en el congreso.
Todos saben que hubo ignorancia, deshonestidad, avaricia y cobardía, pero ahora están ocupados odiando, velando a sus muertos, o huyendo. Y otros más afortunados, leen las noticias desde sus países de refugio.
El presidente ya tiene lo que buscaba, un poder ilimitado e indefinido sobre los enlutados miserables que quedan.
Sin embargo, para mantener ese poder necesita seguir las órdenes de algún imperio del norte, y cambia un imperio por otro, también del norte. “Morir antes que esclavos vivir”, se convierte en una frase irónica en el himno. La necesidad de servidumbre parece ser algo inherente a los gobernantes, que siempre miran hacia el norte. Esta vez ese norte es más autoritario, lejano y extraño.
Los miembros del Estado pasan a ser los amos de la mísera y devastada región, mientras siguen fielmente las reglas que les dicta el nuevo norte poderoso.
Y así Bolivia, por un corto tiempo, vuelve a ser la noticia que siempre viene de las regiones inestables y caóticas. Y cuando alguien se acuerda de ella, manda alguna ayuda humanitaria porque hay tantos países mendigos en el mundo, que al final es sabido que solamente se beneficia al grupo que está en el poder.
El mundo sabe que ese país vive en una “híbrida dictadura teñida de la palabra democracia”, y no se explica por qué una región que tiene tanto territorio y tantos recursos baje la cabeza y extienda la mano, cada vez que tiene hambre.
Si esta hubiera sido la historia alternativa, el dolor de ver la realidad del país sería mucho más profundo de lo que es actualmente.
¿No sería de personas honestas el saber agradecer y valorar, la valentía de una ciudadana boliviana y de unos patriotas bolivianos, que se hicieron cargo y evitaron esa catástrofe alternativa?
Maggye Foster es neuropsicóloga



