Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: lunes 21 de febrero de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
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Si Mariano Melgarejo (13 de abril de 1820 - 23 de noviembre de 1871) no confiaba ni en su camisa, Evo Morales no debe confiar en estos momentos ni en su sombra, ya que en las últimas semanas ha dado señales equivalentes a un trastorno de personalidad paranoica.
Para los bolivianos es bien conocido que el jefe del MAS siempre fue muy desconfiado, que cuando sólo era un dirigente cocalero viajaba apenas con un maletín de mano por temor a que le siembren droga en el equipaje y que su entorno más cercano fue siempre meticulosamente elegido para evitar “fugas”.
Pues bien, en este último tiempo el jefe masista hizo públicas nuevas señales de miedo y desconfianza. Advirtió que existen sectores internos en su partido que apuestan por la división (es decir que representan un peligro para su liderazgo) y luego dijo que sospecha que existe un “ala de derecha” dentro del MAS, aunque no identificó a quienes conformarían ese grupo. “No sé si el MAS tiene ala derecha, eso estoy notando por cómo algunos compañeros nuestros están hablando, o contra el trópico o contra el Evo, no entiendo”, afirmó. También, en dos fines de semana seguidos, expresó su temor porque puedan vincularlo con el narcotráfico. Dijo que siente que es perseguido por la oposición, por la derecha, por la DEA, por Estados Unidos y hasta por los medios de comunicación.
“Tratan de implicar con el tema narcotráfico, pero no van a encontrar nada (...). Pero sí lo que tengo miedo es cómo pueden montar, ponerte droga, estamos adelantando que pueden hacer eso”, afirmó. En esa línea, casi al cierre de la semana, 36 de sus más fieles exministros emitieron un pronunciamiento para negar que Morales sea narco, como abriendo el paraguas antes de que llueva, ya que no hay ninguna acusación formal contra el jefe masista.
Son dos los asuntos que aparentemente quitan el sueño a Morales: el debilitamiento de su liderazgo y las consecuencias que pudiera traer una eventual extradición a Estados Unidos de su exjefe antidroga Maximiliano Dávila.
En el primer caso, una señal muy clara fue la nula incidencia de sus exigencias para que Luis Arce realice cambios en su Gabinete. También llamó la atención la ausencia de al menos unas cuarenta firmas de exministros en el comunicado para aclarar que no es narcotraficante, entre ellas las del binomio que actualmente gobierna y que formó parte de su gabinete por más años que cualquiera de los otros firmantes. Así las cosas, la paranoia del jefe masista se entiende, pero podría disiparse si asume que la democracia implica también renovación de liderazgos y que quien nada tiene, nada teme.



