Medio: El Deber
Fecha de la publicación: viernes 18 de febrero de 2022
Categoría: Representación Política
Subcategoría: Democracia paritaria
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Una de las características que tenemos los bolivianos es reaccionar cuando las cosas ya han pasado y pudieron evitarse o, por lo menos, disminuir sus efectos si se hubiera actuado a tiempo.
Cualquiera que sea el campo que analicemos, la excepción es la planificación, el estudio y análisis previo y permitimos que las cosas pasen para recién querer actuar, con un agravante, que las medidas, estudios y otros se las hacen sobre las consecuencias, no se analiza los orígenes, las causas y tampoco es una reacción para ver que se hace, o, que se debe hacer; reaccionamos para castigar, atacar, para pedir justicia, como ocurre en los programas de televisión en el que se usa a las víctimas de hechos delictivos para su rating, para que cuando disminuya o desaparezca el interés mediático, pasar a otra cosa, sin que, obviamente, se hubiera conseguido justicia o por lo menos mínimamente se encaren las soluciones a los graves problemas presentados.
Entre los muchos aspectos que diariamente asistimos impotentes ante la falta no de soluciones, sino por lo menos de encarar la búsqueda de estas, es la violencia contra la mujer. Son tantos los casos que diariamente se conoce de este tipo de deleznable conducta machista, que ya no sorprende y menos angustia a la sociedad que se puede hacer. Alguna que otra agrupación de mujeres echan el grito al cielo y generan una reacción publica ante este tipo de hechos delictivos, pero al igual que los programas de televisión, van disminuyendo hasta apagarse totalmente y de repente reaparecerán cuando la publicidad mediática así lo exija.
La razón por la que los casos de violencia contra la mujer aparecen públicamente son muchos, pero, hay una cantidad muy alta de casos que no se llegan a conocer y las victimas siguen sufriendo la violencia que nunca termina, es por la política del no me importismo y de la inepta burocracia. Los muchos actos de violencia contra la mujer, han desnudado lo que se sabe desde siempre, existe una falta de atención por parte de las autoridades no solo para hacer seguimiento a las denuncias que algunas mujeres se atreven a hacer, a pesar del riesgo que corren, y las autoridades encargadas lo manejan de manera burocrática incrementando las posibilidades de represalias del agresor. Tampoco es tener leyes concretas para este tipo de casos, porque no existen quienes las hagan cumplir por esa mentalidad burocrática y con total ausencia de empatía.
La violencia contra la mujer es un problema grave, que no se soluciona con sanciones drásticas, debe encararse con políticas de Estado que busquen educar a la persona; la sociedad debe actuar de manera directa y cambiar el esquema de conducta violenta por otro tipo de actitudes y no convertirse en cómplice hipócrita.
En un artículo anterior mencionaba que la misoginia no es solo el odio a la mujer, se entiende como parte de este concepto la exclusión, el rechazo, el menoscabo de la sociedad con relación a las mujeres. Vivimos en una sociedad en la que los valores, en el sentido axiológico de la cualidad positiva y superior del ánimo y de la conducta, no solo han ido perdiendo su brillo en el tiempo, sino que han desaparecido.
Todo se banaliza al extremo. Hay mucho trabajo que hacer, no podemos esperar la mano salvadora de gobierno alguno y la sociedad debe enfrentar en su conjunto esta situación para romperla y no permitir con su abulia que siga presente.



