Medio: El Deber
Fecha de la publicación: viernes 18 de febrero de 2022
Categoría: Representación Política
Subcategoría: Acoso y violencia política
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El trato que el Gobierno de Luis Arce da a la expresidenta Jeanine Áñez ha superado los límites de cualquier extremo previsible, incluso tratándose de un juicio político y revanchista: lo que se está haciendo con ella deja pequeños los adjetivos para calificar el maltrato a una ex mandataria constitucional, y tiene mucho de machismo: hombres con poder político que humillan y maltratan a alguien, en gran parte por su condición de mujer vencida e indefensa, por quien casi nadie sale hoy a poner cara.
Desde la comodidad de sus despachos, ministros y voceros se lavan las manos para indicar que las decisiones las toman las autoridades de Régimen Penitenciario, como si el país no supiera que la orden para condenar, humillar y escarmentar a Jeanine Áñez viene del máximo jefe del Movimiento Al Socialismo (MAS) y que todos los que están en el medio son apenas operadores silenciosos de las instrucciones del jefazo.
Ahora que Áñez cumple una huelga de hambre en protesta por las injusticias en su contra y sufre trastornos de sensibilidad en las piernas, los pies y la boca por falta de magnesio, cloro, potasio y azúcar, no le permitieron ser atendida en un hospital.
Pero ese mismo día, al presunto narcotraficante Maximiliano Dávila, ex jefe antidrogas de Evo Morales, que tuvo un supuesto dolor en el pecho, lo trasladaron en un operativo policial de emergencia al Hospital del Tórax en La Paz. El coronel Dávila, solicitado en extradición por Estados Unidos acusado de narcotráfico, recibe un trato digno, pero a la expresidenta se le ha negado decenas de veces que la atiendan médicos especializados.
Esa es la justicia del MAS, esa es la “independencia” de poderes que proclaman con las autoridades. Y cuando se les pregunta sobre el tema, ellos dicen que la justicia es “autónoma” cada vez que rechazan un recurso de Áñez, sea para recibir atención médica o para considerar una solicitud de libertad condicionada o detención domiciliaria.
¿Qué más necesitan hacerle a Jeanine Áñez para demostrarle quién es el macho en esta historia y quién manda en este país? Si la idea es matarla, ya lo están consiguiendo, porque ella misma está buscando inmolarse al preferir morir con su ayuno de protesta que continuar recibiendo la indigna humillación de una encarcelación inhumana, desconsiderada, abusiva y que lamentablemente muchos miran con indiferencia, comenzando por quienes gobernaron con ella.
Es un hecho que con el apoyo de una justicia que controla, una justicia que libera violadores, feminicidas y asesinos de líderes como Marcelo Quiroga Santa Cruz o Luis Espinal, el Gobierno logrará finalmente una sentencia condenatoria contra la expresidenta por terrorismo, sedición y quién sabe qué otras aberraciones más, y que los jueces escribirán la expresión “golpe de Estado” en papel sellado como anhela Evo Morales.
La pregunta es si con eso alcanzará para cambiar la historia real que los bolivianos conocen y que vieron con sus propios ojos aquellos días de octubre y noviembre de 2019 cuando con ayuda de un Tribunal Supremo Electoral también controlado el entonces presidente y candidato Evo Morales hizo fraude electoral que él mismo reconoció al anular las elecciones, cuando a pedido suyo la OEA hizo una auditoría y determinó que hubo irregularidades, cuando Morales renunció y tuvo que huir desde el único aeropuerto seguro para él en aquel momento, el de Chimoré. La historia es la historia, se puede intentar reescribirla de otra manera, pero no se la puede cambiar.



