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Medio: El País
Fecha de la publicación: jueves 17 de febrero de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Otros
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El propio ex vicepresidente Álvaro García Linera, hombre de extrema confianza de Evo Morales, ha llegado a insinuar que, en ocasiones, el ex mandatario se confunde y cree que sigue ejerciendo el poder, y lo cierto es que en poco tiempo ha dado muchas muestras de ello.
La última ha sido un tuit en el que da la “bienvenida” al relator especial de la ONU para la independencia de los jueces, en el que además le da instrucciones sobre lo que debería hacer en su estancia en Bolivia.
Es raro el tuit, pero el tono es general en su programa de radio en Kawsachun Coca y en otras intervenciones públicas. Por lo general, Morales usa la primera persona para hablar del gobierno incluso cuando habla de decisiones que deben ser tomadas en el futuro. Su tono, de hecho, se está convirtiendo cada vez en un tono más violento y autoritario, confrontacional, para sustentar unas declaraciones cada vez más alejadas de la realidad.
No es novedad, quienes lo conocen saben de las inseguridades de Morales, inseguridades que en cualquier caso no le impidieron perseguir sus ambiciones, y que fueron creciendo a medida que las responsabilidades iban aumentando y se debía rodear de gente más preparada. Normalmente utilizó la agresividad para compensar esas inseguridades.
Últimamente sus inseguridades le están pasando factura en su vida social internacional – apenas ha viajado fuera de Bolivia al margen de México, Cuba y Venezuela, probablemente por temor a las actividades de la DEA, que vuelve a mover el avispero -, pero también nacional. Su cuartel general se instaló en el Chapare, pero su movilidad se ha reducido tanto que más parece presidio.
Evo sí piensa en retomar el poder, pero sus inseguridades le están llevando por caminos peligrosos. Las arremetidas contra sus críticos o contra cualquiera que ose discrepar de sus planteamientos van subiendo de tono. Un día los llama “traidores”, otro día define que hay un “ala derecha del MAS”, y mientras tanto, no logra culminar su plan para recuperar el poder, que era el de “fortalecer” el partido con gente de su confianza en todo el país que puedan debatir, hacer oposición local y tirarle línea al gobierno. El miedo a ser rechazado por los propios ha limitado su movilidad en el país.
De momento sigue sin haber partido consolidado y funcionando como tal. Morales va perdiendo ascendencia sobre los movimientos sociales, cada vez menos dispuestos a aguantar imposiciones o gritos del que tenía que ser “el primero entre los iguales”, y que, además, ya saben que tienen caminos alternativos para llegar a Luis Arce, que a todos los efectos es quien ostenta el poder real, es decir, el de los recursos del PGE y la Gaceta Oficial.
Morales nunca estuvo dispuesto a hacer autocrítica y todo apunta a que sus temores le acabarán apartando de su carrera por la repostulación, que está en manos de Arce y no al revés. La cuestión es asegurar que el desvarío del gobierno paralelo, de los dichos y hechos, de las ambiciones de poder, no acaben por ensuciar una gestión presidencial atravesada por la pandemia y la crisis económica que no aguanta muchos circunloquios. El tiempo corre y cualquier entretenimiento no es un problema para Morales o para Arce, sino para el país.



