Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 13 de febrero de 2022
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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El MAS ha inventado un proceso burdo contra Añez, sostiene el autor; no se la juzga por las muertes, ni siquiera por la corrupción, sino por quitarle el poder a Morales.
Este año ha empezado con noticias que han alarmado a la sociedad boliviana, quizá el caso más bullado sea el del feminicida Richard Choque, que develó una red de corrupción en el poder judicial (nada que no se supiera, por cierto) y provocó la reacción hepática de un diputado oficialista; volveremos a esto más adelante.
Otra noticia que ocupa titulares es el inicio del juicio a la expresidenta Jeanine Añez. Es un espectáculo mal montado, pues por lo menos podrían haberse esforzado en la puesta en escena, de modo que, incluso para la historia, quedase registrado un proceso judicial serio, solemne y, así, se habría podido construir una posverdad: que se hizo justicia, y la gente del futuro podría haberse quedado con esa narrativa como única verdad, o la más creíble al menos.
Pero no, aquí no se ve ni siquiera una continuidad a la estrategia (bien lograda, dicho sea de paso), de inscribir en el imaginario una narrativa que pase por verdad: que en el país hubo golpe de Estado en noviembre de 2019. La continuidad suponía seguir metiéndole esfuerzo y recursos a la consolidación de esa narrativa, mediante un juicio de responsabilidades o, en su defecto, un juicio ordinario, pero más al estilo gringo, con jueces, abogados, testigos, en un salón amplio, con transmisión televisiva en vivo… en fin toda la parafernalia que permita generar la ilusión de que todo este circo tiene pinceladas de seriedad. Pero no, ganó el ansia de venganza del jefazo, que no tiene paciencia para un montaje de categoría y opta por lo chabacano, lo burdo, la condena inmediata, la sentencia anticipada, el escarnio público al estilo medieval, donde el rey era quien determinaba los destinos de sus súbditos.
He escuchado muchas opiniones respecto a lo sucedido, y debo decir que los argumentos del MAS no están jalados de los pelos, o sea, hay un grado de racionalidad cuando plantean que los golpes de Estado, actualmente, se dan en espacios de aparente institucionalidad democrática, y así responden a quienes dicen que lo de la señora Añez no puede considerarse golpe, pues no hubo fuerzas militares que destituyeran a al entonces presidente e impusieran la presidencia de doña Jeanine.
Es que lo del golpe es difícil de creer, sobre todo para quienes vivieron la década del 70 y 80 del siglo pasado. Además, está un detalle importante: Evo Morales y García Linera leyeron su renuncia ante cámaras. Es decir, nadie los sacó del poder, ellos se alejaron por su propia voluntad.
Bueno, el oficialismo dice que lo que pasó después vulneró Constitución, y, por lo tanto, fue un golpe de Estado, camuflado en una secuencia procedimental democrática. “Los golpes ya no se hacen con tanques y metralletas, se hacen manipulando las instituciones”, aseguran desde el MAS, y así pretenden asentar su narrativa. No es una locura, y debo aceptar, por honestidad intelectual, que les estaba yendo bastante bien. Lento, pero seguro, como se dice. Y ahí surgió la molestia del jefazo, cuya lógica es meterle nomás, rápido, y que luego arreglen lo abogados. Entonces el arresto de la expresidenta, la detención preventiva prolongada y ahora el juicio virtual.
El 5 de abril de 1992, el presidente constitucional de Perú, Alberto Fujimori, protagonizó un autogolpe de Estado, con apoyo de las fuerzas armadas, y disolvió el Parlamento, que le ponía trabas a sus planes. Recuerdo las imágenes de entonces, con los tanques rodeando el legislativo peruano y Fujimori encabezando la operación. Claro, así eran los autogolpes en ese entonces. Siguiendo la lógica masista, podríamos inferir que lo que hizo Evo Morales fue un autogolpe moderno, en el que no intervinieron las fuerzas militares, sino que se manipularon las instituciones, como el Tribunal Constitucional Plurinacional, para vulnerar la voluntad popular expresada en los resultados del referéndum del 21F y así prolongarse en el poder. Ese autogolpe fue coronado con fraude en 2019, lo que derivó en el desastre que tuvimos que sufrir luego.
Sabemos que los masistas aplican las lógicas de acuerdo a las circunstancias. Para ellos, lo de Añez fue un golpe atípico, pero lo de Morales fue una estrategia envolvente. Y esto tiene que ver con la imagen sin mancha del líder, que pretender mantener a toda costa. No sé si lo hacen de manera inconsciente (muchos sí), o si de verdad creen que Evo es una especie de deidad predestinada a gobernar Bolivia.
Y entre tanta fanaticada, uno de los más destacados defensores del jefazo es el diputado Héctor Arce, quien hace poco se mandó una declaración de antología: “Esta gente que mata, viola sin piedad, como este Richard Choque, que no debería vivir más este sujeto, no merece vivir más. Para ese tipo de personas deberíamos tener la pena de muerte. Yo digo así: todos los 6 de Agosto, en el aniversario del país, se debería ejecutar a este tipo de personas”.
Hay sed de sangre en el diputado Arce, no le basta la de las víctimas, sino que quiere dar un espectáculo medieval y celebrar la venganza con sangre. Porque el ojo por ojo no es justicia, es venganza. La justicia debe ser ejemplar, deber servir para que la sociedad mejore, no para satisfacer los instintos del populacho o del tirano. El diputado Arce no lo entiende, prefiere darle pan y circo al pueblo, y claro, adular a su jefe, mimarlo, satisfacer sus caprichos.
Gente como Arce son responsables del circo montado alrededor de Jeanine Añez. No se la juzga por las muertes, ni siquiera por la corrupción, sino por quitarle el poder a Morales, por evitar que su plan perverso se cumpla. Porque su renuncia y el vacío de poder que generaron los masistas buscaba un enfrentamiento civil de proporciones trágicas, de modo que se acepte el regreso de Morales, elevándolo a rango de pacificador. La acción que permitió salvar ese vacío y que derivó en la presidencia de Añez desbarató el plan sangriento del MAS. Evo Morales se quedó con los ruleros puestos y el jefazo no perdona ni tiene paciencia.
Si de Evo dependiera, colgarían a Añez, con el aplauso de sus acólitos, como Héctor Arce, pero ya que deben guardar ciertas formas, han inventado un proceso burdo y ni siquiera han tenido tiempo para montar bien el escenario. Ya sabemos el final de la obra, pues en el planteamiento mismo del proceso se refieren a Añez como presidenta de facto. Ya está condenada de antemano para hacerle sana-sana al orgullo de Evo.



