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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: viernes 11 de febrero de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
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Gobernar es comunicar, por esta razón me he dado a la tarea de diseccionar el corazón de la política boliviana, será todo un reto poder analizarla, pero estoy dispuesto a correr el riesgo, pues tengo la ventaja estratégica de decir las cosas tal y como son, duela a quien le duela y cueste lo que cueste. Todos los gobiernos en Bolivia, desde el nacimiento de la Republica, han sido una verdadera amenaza, para cualquier país que busca defender la Democracia y la Justicia. Basta con revisar nuestra historia para darnos cuenta que somos un Estado “fallido”, un problema que no tiene solución aparente hasta el momento, todos los modelos económicos fracasaron y lo peor es que no somos capaces de crear uno propio original. La culpable no es la embajada norteamericana o la cubana, el problema somos nosotros mismos, que como sociedad no hemos aprendido a vivir en democracia ni a crear una cultura política.
En Bolivia hay una crisis de la manera de gobernar, no tenemos un estilo propio, lo cierto es que hay una clase política y una dirigencia política poco preparada, antidemocrática y poco transparente, por no decir otra cosa. El caos político está a la orden del día en nuestro país y esto no es para que estemos contentos o sea motivo de orgullo.
Estos “politiqueros” no han notado que vivimos en el siglo XXI, y que han ocurrido cambios políticos, económicos, sociales y tecnológicos muy importantes en el país. Estas transformaciones nada tienen que ver con el gobierno de turno, se deben por lo contrario al total desgobierno que existe en Bolivia. En vez de que el cambio sea para mejor, el cambio vino a empeorar las cosas, el remedio resultó peor que la enfermedad. El narcotráfico penetró las esferas estatales.
Toda la dirigencia política del país está manchada, todos tienen cola de paja, esa es la perspectiva que tienen los ciudadanos de sus gobernantes, todo esto provoca la falta de confianza y credibilidad en el sistema político y el sistema electoral boliviano. La novela del asesino serial “choque” acapara los titulares y la otra narconovela “Dávila” se pone cada vez más emocionante. Para rematar el electorado está totalmente cansado de los politiqueros de turno, que no han hecho otra cosa que cometer horror tras horror, como el caso del Gobernador “Mamani” en Potosí, o el último hecho vergonzoso del Gobernador “Quispe” en la Paz, realmente es un crimen una verdadera aberración lo que los “politiqueros” están haciendo con los principios y las bases sobre las cuales se ha independizado esta Nación.
Todos amigos de lo ajeno, todos flojos, todos mentirosos y todos “llunkus”, les aseguro que más del 80% de los bolivianos no cree en ningún partido político, peor si estos son todos tradicionales, ya no pueden conquistarnos con sus mentiras, ya no satisfacen nuestras expectativas, peor todavía, cuando emplean la “guerra sucia” en sus campañas electorales, todo esto crea un clima de negatividad todavía más alarmante.En Bolivia, para las elecciones 2025, ya nadie cree en los procesos electorales, con qué seguridad podemos emitir nuestro voto.Todos sabemos que la institución encargada de administrar el proceso electoral no nos brinda ni la más mínima seguridad de imparcialidad y certidumbre de que se lleven a cabo comicios limpios y transparentes, nadie respeta la voluntad del pueblo, ni nadie acepta los resultados.
En las elecciones presidenciales del 2025, si es que se llevan a cabo en Bolivia, la cifra de votantes que tiene la intención de no asistir a las urnas crecerá exponencialmente, el padrón electoral está totalmente manipulado por el poder de turno. Yo me pregunto:¿Quiere el partido gobernante los mayores porcentajes de abstencionismo, votos blancos y nulos, como el único camino que nos queda a los bolivianos para demostrar nuestra inconformidad?, parece que eso fuera lo que quieren nuestros gobernantes, es decir un total desentendimiento de la política para que seamos gobernados por los peores hombres como bien lo decía Platón. Ellos creen que han vencido al poder ciudadano, ellos creen que son omnipotentes, dioses todopoderosos, que pueden hacer lo que se les da la gana con las instituciones públicas. Convirtiendo a nuestro pobre país en un Narco estado.
La Res - Pública = Cosa Pública, o cosa de todos, dejó de existir cuando un puñado de “dirigentes políticos” de una “clase política podrida”, en una reunión secreta y pactada dijeron que de ahora en adelante la Republica ha muerto y dieron nacimiento a un monstruo de mil cabezas, que como una hiedra venenosa extiende sus tentáculos para apoderarse del Estado y tener el control del Mercado.
Una de las debilidades que tenemos como país son nuestras instituciones públicas, botín de guerra en cualquier campaña electoral. La justicia, los dispositivos de seguridad interna y externa todos se encuentran podridos, convirtiendo a nuestra Republica en un Estado Fallido. Estado Fallido que ha superado todas las expectativas del crimen organizado transnacional.
El hartazgo, el descontento y la frustración que los ciudadanos tienen por los “políticos” bolivianos es la causa de la desconfianza que siente por sus instituciones públicas. Qué difícil será para las futuras generaciones de “políticos” recuperar la confianza del elector. La pésima imagen que tienen los “políticos” bolivianos, tal como están las cosas me hacen prever el peor de los escenarios posibles. La mala imagen que dejan después de cada gestión de gobierno me pone a pensar que la astucia criolla no tiene límites, esa carencia de principios y valores que nos están llevando al abismo.
Jhonny Vargas es politólogo



