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Medio: El Deber
Fecha de la publicación: jueves 03 de febrero de 2022
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Repostulación presidencial / 21F
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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Jamás, como ahora, había escrito tres notas consecutivas sobre un mismo tema, pero lo hago porque hasta el día de hoy el Gobierno de Brasil no ha confirmado ni negado una presunta reunión secreta que habría existido entre la expresidenta Jeanine Áñez y su colega brasileño Jair Bolsonaro. Tampoco ha vuelto a insistir sobre el tema el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, quien acusó al propio presidente Bolsonaro de haber tenido participación en el “golpe” que hizo huir a Evo Morales y que, como sabemos, no fue sino una cobarde espantada, porque se le descubrió un fraude electoral inicuo en los comicios presidenciales de octubre de 2019.
Pese a que hemos pedido mediante notas de prensa que la Cancillería brasileña aclare esta acusación; a que el periódico EL DEBER lo ha hecho a través de un editorial; pero, sobre todo, pese a que la expresidenta Jeanine Áñez, que está como una presa común en una cárcel paceña, le ha suplicado, mediante carta al presidente Bolsonaro, que dilucide la situación diciendo la verdad, hasta ahora un manto de silencio se ha instalado, inexplicablemente, en los dos gobiernos. ¿Qué es lo que sucede? ¿Qué se esconde bajo ese mutismo?
La ex mandataria boliviana no salió del país en ninguna ocasión durante su mandato. Con Jair Bolsonaro solo se comunicó de forma virtual durante la 56.ª Cumbre del Mercosur, como ella ha afirmado. Y probablemente, de manera virtual, ha podido tener comunicación con algunos otros de sus colegas, lo que no es ningún delito. Mucho menos en el caso de Brasil, que es el socio más importante que tiene Bolivia, porque continúa siendo nuestro principal comprador del escaso gas que nos queda, luego del festivo derroche masista.
Solo Evo Morales salía de Bolivia en el carísimo avión presidencial cuando le daba la gana, sin necesidad de pedir permiso a nadie, ni rendir cuentas de nada a su retorno. Viajó decenas de miles de kilómetros a través del mundo. Antes de que se aprobara la pésima Constitución vigente, el presidente de la República requería de un permiso del Congreso para ausentarse del país; había que aprobar el presupuesto correspondiente para pagar los pasajes en las líneas comerciales y los viáticos para las reducidas comitivas; y el jefe de Estado o su canciller, a su regreso, debían informar al Parlamento sobre los resultados de su misión. La actual Constitución, hecha a medida de Morales, le permitió ausentarse sin solicitar permiso de la Asamblea, por un máximo de diez días, tiempo más que suficiente para ver partidos de fútbol en los Mundiales de Sudáfrica, Brasil y Rusia o para visitar a sus amigos Castro, Chávez o Maduro. Ese mismo artículo 173 continúa vigente, por supuesto.
¿Entonces, qué sucede con la acusación del ministro del Castillo? ¿Es cierto lo que ha dicho, apoyado en una nota de Página 12 de Buenos Aires? ¿Va a quedar el presidente Bolsonaro como un instigador y cómplice en el supuesto golpe de Estado por el que tanto lloriquea el MAS? ¿Va a permitir Brasil que la exmandataria acumule mayores acusaciones en su contra, falsamente, si puede evitarlo? ¿No va a manifestarse el embajador Octavio Hernique Cortés, a quién también se le acusa de participar en una misteriosa reunión conspirativa en la Universidad Católica?
Jamás le hemos estrechado la mano a la señora Jeanine Áñez, así que no nos liga ninguna amistad. Lo que sí, creemos que fue una mujer valiente, decidida y patriota, que asumió sus responsabilidades cuando le correspondió hacerlo. El covid-19 acosó a su administración y asoló al país a extremos lamentables lo que hizo caer la economía, inevitablemente. Y también apareció el fantasma de la corrupción, que fue de lamentar, aunque infinitamente menor que en el Gobierno del MAS.
La criticamos sin dudarlo un instante cuando lanzó su candidatura presidencial, porque fue el peor error que pudo cometer. Ese yerro descompuso una potencial alianza de los candidatos moderados en torno a un solo candidato que enfrentara a Arce. Con luces y sombras, con altos y bajos, si observamos las condiciones en que asumió el mando de la nación, hay que reconocer que Jeanine Áñez fue una figura providencial para detener la catástrofe que había planeado dejarnos en las calles y campos Evo Morales, y eso ya es suficiente mérito.



