Medio: El Diario
Fecha de la publicación: miércoles 19 de enero de 2022
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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Entre los dislates en los que transcurre la cotidianidad de la política del país, hay uno en clave de injerencia y presión sobre las decisiones del presidente del Estado. El jefe del MAS y ex presidente ha incurrido en una de sus habituales imprudencias y desequilibrios discursivos. Esta vez sugirió a Luis Arce dotarse de un gabinete “más político que técnico”. Aquél solía hacer algunos cambios cada 22 de enero, dizque día del Estado Plurinacional.
Es rumor generalizado que el actual presidente acata y cumple instrucciones de Evo Morales, al extremo –se dice— de ser éste el verdadero mandatario. Se da por seguro que, en esta oportunidad, como otras, se proceda en consecuencia y se incorpore al plantel del Ejecutivo a cercanos seguidores del ex presidente, aunque Arce se cuide de no designar a ex ministros del periodo evista, al haber surgido observaciones de algunos sectores de ese partido. Sin duda, la sugerencia de la jefatura partidista es una apropiación –no rara– de la queja de grupos masistas de que “los ministros no hacen caso a los movimientos sociales”.
Esta suerte de singlatura jamás se acompaña de propósitos de cambios de políticas públicas que las justifiquen o de razones para mejorar la gestión de tal o cual ministerio. La verdad de estas reclamaciones vacías es la promoción al rango de ministros de ciertos militantes cansados de esperar su “turno”, ya que en el MAS todos son aptos para todo. Estos días se ha insistido en que los más llamados a ministros son los que hicieron “campaña”. No importa si saben o no lo más elemental.
Detrás de los postulantes, se encuentran cientos de futuros burócratas desesperados por “pegas”. No entienden la política como otra forma que no sea acceder al presupuesto nacional o regional y holgar a costa de Estado. En efecto, ese aparato se ha quintuplicado en los últimos quince años y es una de las pesadas cargas presupuestarias con el título de “gasto corriente”.
Otra añagaza para la inclusión de los dirigentes inmediatos de estos grupos como titulares del Órgano Ejecutivo, no es otra que el presidente Arce está solo, careciendo de ministros que “lo defiendan” (¿de quién?). Esta versión politiquera es parte de la concepción menguada de salir al paso de la oposición e ingresar al “dime y direte” en el que se resuelve el actuar de nuestros políticos. No conocen la argumentación de ideas, así no sean de fondo a fin de dar testimonio de alguna preparación de estos actores mediocres de la escena nacional.
Si el actual gabinete ministerial no brilla por sus aciertos incluidos unos pocos tecnócratas, qué será de un equipo meramente “político”, según la exigencia del señor Morales. Sin ir lejos, en los países vecinos la cúpula directriz del Estado en gran medida está conformada precisamente por personeros de alta calificación no sólo técnica, sino de consumada experticia en sus especialidades, salvo los ministerios que pueden considerarse específicamente políticos, pero no por cualquier “político” sino con intelectuales de la política. Estos planteles ubican exitosamente su gestión en beneficio colectivo. Las designaciones hacen abstracción de la pertenencia partidista personal, o simplemente independiente, de los llamados a la construcción sostenida de crecimiento y desarrollo de sus países. Vemos que en nuestro medio se toma el derrotero opuesto y así nos va.
A la defenestración acaba de sumarse la bancada legislativa masista y de modo presencial planteó al presidente Arce la remoción de por lo menos seis ministros, empezando por Eduardo del Castillo de Gobierno, Iván Lima de Justicia, Marianela Prada de la Presidencia, Edgar Montaño de Obras Públicas, además de los ministros de Planificación y Minería. Los anti vacunas y organizaciones de El Alto demandan la inmediata destitución del titular de Salud y Deportes, Jeyson Auza. Ahora sólo falta la imposición de nombres para el cambio.
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