Medio: Nuevo Sur
Fecha de la publicación: domingo 16 de enero de 2022
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Asamblea Legislativa Plurinacional
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El gobierno no es el único que debe evaluar el año de gestión y su desempeño. Los asambleístas nacionales tienen la responsabilidad de reflexionar sobre el trabajo legislativo y el relacionamiento del primer órgano del Estado con la sociedad civil. Los conflictos sociales que enfrentamos el año 2021 están interpelando la agenda legislativa y la forma en la que se aprueban las leyes, al margen de la sociedad civil y la necesaria deliberación ciudadana. En dos oportunidades nuestros representantes tuvieron que volver sobre sus pasos para archivar un proyecto de ley y abrogar otra.
Los cuestionamientos no terminan aquí. En medio del paro nacional multisectorial surgieron otras demandas de abrogación de leyes aprobadas por el oficialismo y el pedido de los sectores de oposición para restituir los dos tercios en el reglamento de debates de la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP). En Bolivia los espacios de participación ciudadana y deliberación legislativa son enunciativos. El partido de gobierno, que se precia de representar a los sectores sociales, está encontrando resistencia y oposición de sus propias bases a muchos proyectos de leyes.
El primer mes de año debe servir para reflexionar el desempeño del gobierno, el legislativo y la oposición, o las oposiciones porque son muchas. Es necesario superar la coyuntura desde la política y la agenda pública. La pandemia y la crisis económica han afectado nuestra vida y cambiado la realidad como la conocíamos. En esta etapa, más que nunca, es necesario responder a las expectativas ciudadanas, que son muchas y muy urgentes. Esa es una de las razones por las que el sistema político esta tan cuestionado, en el país y el mundo en general.
Los ciudadanos están esperando propuestas y soluciones a sus problemas. Las certezas son fundamentales para superar la crisis. La confianza se gana y se pierde muy rápidamente. Los tiempos cuentan en política y, con mayor velocidad, en pandemia. Esa es una de las claves para entender la coyuntura que atravesamos. El proyecto político que interprete estas pulsiones tendrá una gran ventaja sobre el arco político. Es muy probable que aquellas cosas que funcionaban en el pasado, ahora no apliquen.
Los legisladores fueron elegidos por el voto popular, pero no recibieron un cheque en blanco. Los electores tienen el derecho de conocer el trabajo de sus representantes. El cabildeo y la deliberación ciudadana, en el proceso legislativo, son fundamentales para lograr la legitimidad de ejercicio. No basta con reivindicar la legitimidad de origen. No sólo hay que ganar, es necesario saber gobernar y, en este caso, legislar. Los políticos, en los hechos, todos los días están sometidos al escrutinio ciudadano. Las redes sociales y la tecnología han derribado muchos muros y acercado al mundo de la política con la vida cotidiana de la gente.
En otras circunstancias y, para ser más exactos en otros tiempos, muchos errores y desatinos pasaban desapercibidos o, a lo sumo, se circunscribían a las críticas en un ámbito local. En el mundo en el que vivimos la información circula en segundos y se viraliza muy rápidamente. La exposición pública es muy grande y riesgosa. La discrecionalidad se reduce a cada paso, a su mínima expresión, cuando los ciudadanos son contralores de la política y las decisiones que toman los gobernantes. El desafío del órgano legislativo es adecuarse a los tiempos actuales.



