Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: sábado 01 de enero de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Otros
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Quienes nunca habían escuchado filosofar a David Choquehuanca, rieron a mandíbula batiente cuando el entonces canciller de Evo Morales habló del sexo de las piedras, de reemplazar el viagra por la papalisa y dispuso que el reloj de la plaza Murillo girara al revés. Lo de la papalisa era una broma, según lo aclaró él mismo, pero no lo del sexo de las piedras ni lo de las manecillas del reloj en reversa.
La idea de que las piedras tienen sexo parte de la premisa de que la naturaleza está por encima de los seres humanos. Así, las estrellas, las plantas, los animales y también las piedras son superiores a los hombres y así se puede entender que las piedras son entes con sexo. Y lo del reloj al revés fue la forma que encontró Choquehuanca de desafiar al orden de las cosas. La lógica era que si en el norte gira a un lado, en el sur debería girar al otro.
Entre risa y polémica, Choquehuanca se consolidó como el rostro indígena del gobierno de Evo Morales ante el mundo y fue el ministro que más tiempo duró en el gabinete, de 2006 a 2017, abanderando la filosofía del vivir bien, del pachamamismo cultural y del retorno a la armonía de los ancestros.
El analista Pedro Portugal no cree que eso sea lo que buscan los indígenas. Ese discurso, dice él apoyado por toda una corriente indianista que crece desde El Alto, fue moldeado por las ONG en las que trabajó Choquehuanca antes de entrar a la política partidaria. Y fue como un dulce para la comunidad internacional, para las élites bolivianas y para la clase media.
“El discurso culturalista es como si la reivindicación indígena fuera un reconocimiento a su cultura. Como si el deseo de la población fuera recuperar formas ancestrales, como si el indígena hubiese vivido en una cúpula de vidrio, ajena a las influencias positivas y negativas de 500 años de colonización”, reflexiona Portugal.
Era más romántico creer que los pueblos originarios querían que el mundo occidental reconociera su cultura a creer que buscaban progreso, cholets, viajes a China, educación para sus hijos, tecnología para ganar más dinero. “Hay un empoderamiento de tipo económico que está más cerca del capitalismo tradicional que cualquier proyecto de tipo socialista y culturalmente el aymara no demuestra ninguna de las preocupaciones de la identidad indígena, sino deseo de educación, robótica, internet, las construcciones…”, explica el analista.
Así, mientras Choquehuanca predicaba en el mundo una cosa, los indígenas hacían otra en Bolivia. Pese a eso, fue adquiriendo un perfil de posible sucesor de Evo Morales, lo que terminó por alejarlo del gobierno. “Se ha decidido que yo baje a las bases, frente a la intriga que estaba circulando en nuestros movimientos, estaba circulando la mentira, querían dividirnos a los bolivianos”, le dijo Choquehuanca al periodista John Arandia en una entrevista en el marco de la precampaña de las elecciones 2020.
Ni gobierno ni bases, Choquehuanca tuvo que marcharse al exilio dorado (“oxidado” quedaría mejor que dorado) como secretario ejecutivo del ALBA, así estaría lejos del poder de Evo Morales, que por entonces se creía irreemplazable.
Tras los sucesos de 2019, Choquehuanca fue nominado por las organizaciones de las 20 provincias de La Paz como candidato presidencial. “Asumo y estoy en capacidad”, “tengo que aceptarlo”, dijo el entonces precandidato en Fides, tal vez sabiendo que la decisión no sería de los sectores sociales y menos de él, sino de Evo Morales, que había perdido la presidencia, pero no el poder del MAS. El exmandatario designó desde Buenos Aires a Luis Arce como candidato presidencial y aceptó, seguramente a regañadientes, que Choquehuanca fuera el acompañante de fórmula.
El día de su posesión, Choquehuanca recibió el aplauso cerrado no solo del 55% que había votado por el MAS, sino de la oposición democrática que ansiaba una reconciliación. Con la banda vicepresidencial en el pecho, abogó por el diálogo, la unidad, la paz y la armonía, con la promesa de dejar atrás la persecución, la judicialización de la política y los ataques a la libertad de expresión. Y lo hizo apelando a la supuesta filosofía del vivir bien. Ya es célebre la frase que pronunció el 8 de noviembre de 2020, cuando asumió el cargo: “Nuestra verdad es muy simple: el cóndor levanta vuelo sólo cuando su ala derecha está en perfecto equilibrio con su ala izquierda”.
La duda, a estas alturas, es si Choquehuanca creyó en algún momento en lo que dijo en su discurso de posesión o si únicamente representó el papel del gobernante conciliador para después dejarse arrastrar por la ira del MAS.
Antes de cumplir el primer año de gestión, Choquehuanca se sumó a la retórica del golpe de Estado, inventada por Evo Morales y secundada por Luis Arce con la intención de pulverizar a la oposición en la cárcel y en los estrados judiciales. En un viaje realizado a España, dijo que, en 2019, en Bolivia “hubo golpe de Estado” e instó a “no dejarse llevar por lo que dice la gente, por lo que dicen los medios de comunicación”.
Y para que no quedaran dudas de que el otro Choquehuanca estaba hablando, en pleno paro cívico contra la ley antilegitimación de ganancias ilícitas acuñó otra de sus frases duras: “Todo tiene su límite. Que no despierten la ira del inca”.
Pero, ¿por qué de pronto, de un día para otro Choquehuanca se sube a la carrera confrontacional del MAS?. Portugal considera que lo hace porque “ve en peligro su vigencia dentro del aparato del MAS, tiene personas que le siguen, pero hay contradicciones serias entre evistas por un lado y choquehuanquistas por el otro. Es el único que podría hacerle sombra a Evo”.
Los juegos de la política son tan perversos que pueden quitar a los hombres y mujeres su esencia. Si Choquehuanca se consideraba a sí mismo un larama (rebelde con sabiduría), ya no lo es más porque está enfilado con la cúpula partidaria o tal vez sea un larama descafeinado. Tampoco es el cóndor que vuelva en equilibrio porque la única ala que le queda es la de la confrontación.
Y para finalizar el 2021, terminó de destemplarse porque el país descubrió en él a un líder que se resiste a dar el buen ejemplo, que se negó a vacunarse, reveló que había contraído el coronavirus al menos en dos ocasiones y que lo había combatido con remedios naturales. "Hasta pasto he comido", ha señalado causando el estupor, la risa, la verguenza y los consabidos memes en su contra. Choquehuanca vacunándose en directo por Bolivia TV podría hacer más por la inmunización que una millonaria campaña informativa, pero él eligió no hacerlo. Luego que después de "un tequilita" de fin de año, se vacunará, pero a regañadientes.
HOJA DE VIDA
- Su origen Nació en la comunidad lacustre Cota Cota Baja. De niño asistió a la Iglesia Bautista, igual que sus padres.
- Su adoctrinamiento Se formó en Cuba y se inspiró en Muamar el Gadaffi, cuyo libro verde leyó ávidamente. Estuvo en Libia y en Cuba formándose en el socialismo. Luego trabajó en el proyecto Nina de Unitas.



