Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: martes 23 de noviembre de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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El domingo, en Santa Cruz, el Presidente del Estado acusaba a “la derecha” de ejercer discriminación y racismo en contra de los más humildes, mientras en la misma ciudad, en otro lugar, decenas de indígenas de las tierras bajas esperan desde hace 54 días la atención del Gobierno para plantear sus demandas acerca del respeto a sus territorios y a su cultura.
“Hemos hecho llegar la tercera carta de invitación al Gobierno nacional para que se reúnan con nosotros en el nivel que corresponde y que merecemos, decía el histórico líder indígena Marcial Fabricano, el 7 de octubre, dos semanas después de iniciada la marcha y 23 días antes de llegar a Santa Cruz.
Ellos reclaman por los avasallamientos en sus tierras originarias y los asentamientos ilegales de los llamados interculturales. Temen que la tensión cultural provocada por esa situación afecte a las tradiciones de los pueblos de tierras bajas y su cultura se subsuma en la de las culturas mayoritarias andinas.
Esos indígenas de la Amazonía, la Chiquitanía y el Chaco boliviano piden también la abrogación y derogación de las normas que permiten el tráfico de tierras, reclaman una nueva ley agraria y la creación de nuevas tierras comunitarias de origen (TCO) para los pueblos indígenas ancestrales de esos territorios de los llanos.
Pero el Gobierno desdeña sus reclamos. Eso es discriminación. Una discriminación flagrante, real, muy distinta a la evocada por el partido gobernante cuando se trata de fustigar cualquier cuestionamiento a sus intereses político-ideológicos.
No es la primera vez que el MAS, en función de gobierno, discrimina a los indígenas de las tierras bajas que, en varias oportunidades, a lo largo de los últimos tres lustros, se han manifestado en contra de políticas gubernamentales.
Tampoco es la primera vez que se invoca la discriminación atribuyéndola a quienes cuestionan la política oficial. Ocurre, desde hace años que el masismo utiliza ese término, y el de “racismo” con fines de victimización. Y sus discursos insisten en la defensa “del pueblo”. Un pueblo del que los cuestionadores parecen estar excluidos.
Es esa actitud —constante en la estrategia discursiva y de acción del oficialismo—, sumada al rechazo de la búsqueda de concertaciones, la que origina el descontento en sectores que, como los que protagonizaron las movilizaciones recientes, ha instalado en el país un ambiente de incertidumbre e intranquilidad que está lejos de tener pretensiones “golpistas”.
Pero eso no parece importarle al oficialismo.



