Medio: El Deber
Fecha de la publicación: viernes 12 de noviembre de 2021
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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Concluye la semana
más conflictiva del Gobierno de Luis Arce, con el paro más largo que Santa Cruz
ha tenido desde los 21 días de 2019, con regiones movilizadas a su manera en
distintos grados y un conflicto por el rechazo a la Ley 1386 y otras normas
polémicas; una situación que aún no ve el final del túnel.
Un atisbo de diálogo
parece asomar ente el sector de los gremiales y el Gobierno, lo que debe
observarse con buenos ojos, porque de eso se trata: de encontrar soluciones a
las diferencias en la mesa del diálogo y no en los enfrentamientos violentos.
Sin embargo, es
importante anotar que el sector gremial es solo uno de los actores del
conflicto que también tiene movilizados a transportistas urbanos, el transporte
pesado, y algunos comités cívicos del país.
La lógica del
“divide y vencerás” podría estar ejecutándose en esos diálogos reservados entre
la dirigencia gremial y el interlocutor no identificado del Gobierno, como dijo
el principal dirigente del sector, y ese proceso podría conducir a desactivar a
uno de los protagonistas, ciertamente de los principales, de estos días.
En paralelo, el
Gobierno ha venido dando muestras de reafirmarse en su posición, con llamados
que hicieron el propio presidente Luis Arce y el vicepresidente David
Choquehuanca a sus aliados para prepararse para defender la democracia y a su
gobierno.
En el terreno
discursivo, es usual que los políticos utilicen expresiones maximalistas que
tienden a llegar al lugar donde se mueven las mayores emociones del ser humano;
por eso no resulta extraño que se diga que la democracia está en riesgo o que
se busque un “segundo golpe de Estado”. El caso es que en estas movilizaciones
nadie quiere poner en riesgo la democracia ni mucho menos buscar la renuncia o
la salida del presidente Arce. Nada más alejado de la verdad. Se trata, en
rigor, de movilizaciones que buscan la abrogación o cuando menos la
modificación de algunos artículos de la cuestionada ley 1386.
Si bien es cierto
que en el camino los sectores movilizados han sumado otras demandas, como el
rechazo a otros proyectos de ley y la reposición del requisito de los dos
tercios de la Asamblea Legislativa para la aprobación de leyes, el motivo
principal de la protesta radica en la Ley de Ganancias Ilícitas.
En esas condiciones,
vendría bien que los voceros de las partes en conflicto le bajaran unos puntos
al volumen y la radicalidad de sus expresiones. Ni los llamados a supuestos
“soldados de la revolución” que hizo Evo Morales en referencia a los cocaleros,
ni los excesos discursivos llenos de adjetivos del presidente del Comité Cívico
cruceño le harán bien al momento delicado que vive el país.
Que se sepa, los
únicos soldados que la Constitución reconoce son los de las Fuerzas Armadas;
cualquier otro “soldado”, por poética que resulte su denominación, es irregular
y está al margen de la ley y Morales debiera entender que ni milicias armadas,
con las que él sueña, ni sus pretendidos “soldados de la revolución”, están permitidos
en un país mientras se rija por las leyes de la democracia.
El país necesita
serenarse, pero para eso los actores enfrentados deben sentarse en los extremos
de una mesa para iniciar procesos de diálogo; el gobierno de Luis Arce apenas
lleva un año en el poder y le quedan cuatro, pero hasta ahora no ha mostrado
una vocación dialogal; es hora de que lo haga, antes de que la sangre llegue al
río.



